Mujeres Emprendedoras: Contexto, Retos y Futuro

Actualmente estamos viviendo un momento de indudable y creciente visibilidad del papel de la mujer en distintos ámbitos: social, político y económico. El feminismo y los movimientos a él afines, apoyados en la extraordinaria plataforma de difusión que constituyen las redes sociales, están promoviendo una cada vez mayor concienciación sobre problemáticas de género que afectan a la vida diaria de la mujer y a su entorno (tanto en el ámbito doméstico como en el profesional), contribuyendo a que se hayan popularizado términos como micromachismo, o a que se reconozcan como estereotipos de género situaciones y actitudes que hace unos años habrían pasado desapercibidas a mucha gente.

Estas realidades no son más que algunas de las consecuencias visibles de un problema más amplio y profundo, histórico y sistémico: la desigualdad de género. Dicha desigualdad genera problemas a nivel individual y cotidiano como los apuntados arriba, pero también a nivel agregado, como los diversos efectos negativos en el desempeño económico mundial. Tal y como explica Mari Kiviniemi (OCDE), la reducción en un 50% de la brecha de género relativa a la participación económica de la mujer incrementaría en un 6% el PIB para el año 2030, si bien dicha ganancia sería el doble (12%) en el caso de convergencia completa, es decir, si la brecha de género desapareciera totalmente. En esta línea, un ejemplo con datos concretos de la importancia de la igualdad de género en el ámbito económico-empresarial lo encontramos en los resultados de un estudio llevado a cabo por profesoras de la Universidad de Granada, que demuestran que el equilibrio en número de hombres y mujeres en equipos directivos contribuye a mejores resultados de innovación en las pymes tecnológicas españolas. Estas cifras dan cuenta del enorme potencial económico que todavía tienen las mujeres, y que aún hoy día se ve limitado por la brecha de género existente no sólo a nivel salarial o de acceso al empleo, sino también político y social, así como sanitario, educativo o infraestructural en los países menos desarrollados. Estas limitaciones están en muchos casos relacionadas entre sí y dan lugar a un efecto conjunto muy negativo para el progreso socioeconómico. Para hacernos una idea en números de las disparidades de género a nivel mundial, es referencia obligada la consulta del informe Global Gender Gap (GGG), proyecto auspiciado por el Foro Económico Mundial, que desde hace años contribuye a visibilizar y cuantificar la desigualdad de género desde un punto de vista agregado, y cuyas conclusiones han motivado la puesta en marcha de políticas de promoción y apoyo a la mujer desde las instituciones.

En este escenario, cabe preguntarse qué pasa con esa parte del emprendimiento que corresponde a las mujeres. Dada la relevancia del emprendimiento como motor del crecimiento económico, es lógico pensar que una parte importante de esa contribución económica femenina con potencial frustrado por la brecha de género se deba a la iniciativa emprendedora por parte de mujeres. La cuestión del emprendimiento femenino ha sido objeto de interés en el ámbito académico e investigador, en el cual desde hace décadas el tema ha sido abordado en diversas revistas sobre gestión y emprendimiento, habiendo surgido más recientemente publicaciones especializadas dedicadas con exclusividad a ello (como esta o esta otra). Con una orientación muy aplicada destacan los estudios del Global Entrepreneurship Monitor (GEM), que tanto a nivel internacional como nacional nos muestran cada año una radiografía del emprendimiento que, con los años, se ha ido convirtiendo en referencia para gobiernos e instituciones.

Los diversos estudios sobre diferencias de género en el emprendimiento inicialmente trataron de explicar la menor iniciativa emprendedora de las mujeres argumentando diferencias de personalidad (como por ejemplo, que las mujeres son menos ambiciosas y menos competitivas que los hombres y tienen una menor tolerancia al riesgo) o diferencias cognitivas (menor capital humano o menor formación empresarial). A medida que la investigación en estas cuestiones avanzaba, comenzaron a estudiarse variables del entorno, demostrándose su influencia en la menor tendencia a emprender entre las mujeres o en su menor participación en la actividad empresarial. Entre esas variables externas encontramos las expectativas sociales sobre el rol doméstico de la mujer, la discriminación sufrida en el acceso al crédito u otros recursos clave, o la existencia de barreras de entrada a redes de empresarios, entre otras. Esta mirada hacia el entorno conecta la investigación académica sobre el emprendimiento femenino con la problemática de la desigualdad de género que aún a día de hoy sufren muchas mujeres, y que queda constatada en cifras como las que aporta el proyecto GGG.

Las cifras sobre emprendimiento femenino que nos brinda el GEM constatan que en la creación y puesta en marcha de iniciativas emprendedoras existe también una brecha de género, pues año tras año la Tasa de Actividad Emprendedora (TEA por sus siglas en inglés e índice de referencia construido a partir de datos GEM) es menor para las mujeres que para los hombres. Tomemos como ejemplo los últimos datos GEM para España, que muestran cómo la TEA femenina queda siempre por debajo de la masculina, si bien cabe destacar que la diferencia porcentual entre ambos índices ha venido reduciéndose desde 2013. A nivel global este posicionamiento es el mismo, independientemente del nivel de desarrollo económico considerado. Informes de temática específica de género, que el GEM viene publicando desde 2006, ahondan aún más en estas diferencias porcentuales y llegan a conclusiones como que las mujeres tienen más probabilidad que los hombres de iniciar un negocio por necesidad, tal y como se recoge en el último informe especial sobre mujeres y emprendimiento.

En definitiva, y en particular en España, las cifras parecen ir convergiendo lentamente al ritmo de los esfuerzos políticos e institucionales (acaso insuficientes) por promover la participación femenina en el emprendimiento, que cada vez encuentra más apoyo en iniciativas desde dentro, como son las numerosas asociaciones y foros de mujeres empresarias a nivel provincial, regional o nacional, o en la creciente difusión en los medios de casos de empresarias y emprendedoras, sus éxitos y sus fracasos, sus objetivos y sus realidades.

Si las expectativas de crecimiento económico se basan hoy más que nunca en el emprendimiento, al que de forma generalmente aceptada se le ha asignado el papel de fuerza motriz, ¿qué no podrían aportar las mujeres a este empuje si desaparecieran los obstáculos y limitaciones que les imponen las desigualdades de género?

Matilde Ruíz Arroyo

 es Profesora del Departamento de Organización de Empresas de la Universidad de Granada.

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