Elena Fernández terminó la carrera de Traducción e Interpretación en la UGR en 2004 con un objetivo muy claro: crear una empresa. Junto con otras 4 compañeras de clase fundaron en 2006 Trágora Traducciones, una empresa de traducción, convirtiéndose en la única spin-off de servicios lingüísticos de esta universidad. En 2012 fundaron Trágora Formación, la Escuela Profesional de Traducción e Interpretación desde donde imparten cursos para profesionales de la lengua y es uno de los referentes en el mercado de la formación profesional en España. En 2026, coincidiendo con el 20 aniversario de la marca, sale a la luz su siguiente proyecto, Trágora Voice Over, una agencia de locutores profesionales.

Terminaste la carrera con la idea clara de montar una empresa. ¿De dónde venía esa seguridad?

Sinceramente, no era seguridad. Era más bien una mezcla de ingenuidad y de no querer encajarme en un camino que no sentía mío. En la carrera nadie te habla de emprender. Te hablan de buscar trabajo en plantilla, de hacerte autónoma, de preparar oposiciones. Pero yo miraba el mercado y pensaba que había algo que podíamos hacer nosotras mismas y poder vivir una experiencia diferente. No sabía el qué ni el cómo, pero la pregunta era «¿por qué no intentarlo?».

Fundar una empresa de traducción con cuatro compañeras recién licenciadas no es lo más habitual. ¿Cómo fueron esos primeros años compaginando la empresa con otros trabajos mientras intentabais sacarla adelante?

Caóticos, para qué voy a engañarte. Éramos traductoras, no empresarias. Tuvimos que aprender fiscalidad, gestión de clientes, marketing, facturación, todo desde cero y sobre la marcha. Mientras tanto, algunas dábamos clases de interpretación a estudiantes de traducción, otras trabajábamos de camareras o teleoperadoras. No fue glamuroso. Pero fue algo nuestro, teníamos mucha ilusión y ganas y eso nos llevó a donde estamos ahora.

La OTRI y el CADE de Armilla os acompañaron en el proceso. ¿Qué os aportó ese apoyo institucional en una fase tan inicial?

Estructura, sobre todo. Cuando no sabes ni por dónde empezar, tener a alguien que te diga «esto es lo que hay que hacer y en este orden» vale más de lo que parece. La UGR nos dio también el respaldo de ser una spin-off, que en aquel momento era algo poco común en el ámbito de los servicios lingüísticos. Eso nos abrió puertas que de otra forma habrían tardado mucho más en abrirse. Nos acordamos mucho de esa época, de todo el apoyo que recibimos, la orientación, las amistades que entablamos con algunos técnicos… Fue un momento muy especial para nosotras, unos meses de mucho trabajo y mucho aprendizaje. Siempre estaremos agradecidas a la Universidad de Granada y a todas esas personas que confiaron en nuestro futuro.

En 2012 fundasteis Trágora Formación. ¿Por qué una agencia de traducción decide montar también una escuela?

Porque cuando empezamos a trabajar con clientes reales nos dimos cuenta de que nuestra formación académica no era suficiente. Buscamos cursos especializados y no existían, o eran presenciales en Madrid o Barcelona y muy generales. Así que decidimos crearlos nosotras. Primero para nosotras mismas, luego para el sector entero. Trágora Formación fue la primera escuela online especializada en traducción e interpretación en España. Nacimos de una necesidad real, que hoy aún sigue estando cuando das tus primeros pasos en el mercado de la traducción y necesitas especializarte. Quién mejor que con un equipo que ya ha pasado por todo eso antes. ¿No?

Lleváis dos décadas en el mercado. ¿Qué ha cambiado más en el sector lingüístico desde que empezasteis, y cómo ha afectado eso a vuestro modelo de negocio?

Ha cambiado casi todo. Cuando empezamos, la traducción automática era una curiosidad. Hoy es parte del flujo de trabajo de casi cualquier agencia. Lo curioso es que en Trágora nos resistimos bastante a integrarla en nuestros procesos. Los resultados no nos convencen y la precarización que conlleva (concretamente en traducción) nos hace seguir apostando por la traducción humana desde cero. Nosotras hemos sobrevivido a varios «esto va a acabar con la profesión» y seguimos aquí. Creo que la clave es no dejar de mirar qué necesita el mercado y estar dispuesta a moverse.

Todo el mundo habla de inteligencia artificial como amenaza para los traductores. ¿Qué os dice eso de cómo entendéis el negocio?

Que el pánico no es una estrategia. La IA ha cambiado algunas cosas, sí, pero hay servicios lingüísticos donde la voz humana, el criterio humano y la experiencia humana siguen siendo insustituibles si realmente quieres un retorno de la inversión. En lugar de esperar a ver qué pasa, preferimos identificar dónde está el valor real y construir ahí.

Este mes lanzáis Trágora Voice Over, vuestra tercera plataforma. ¿Qué ofrece y a quién va dirigida?

Es una agencia de locutores profesionales. Trabajamos con un banco de voces especializadas y ofrecemos producción completa de locución para empresas, agencias de publicidad, productoras y cualquier cliente que necesite voz profesional en sus proyectos. No es un directorio de voces donde el cliente se busca la vida solo. Es un servicio gestionado, con voces seleccionadas y control de calidad en cada entrega.

¿Qué le dirías a un estudiante de Traducción de la UGR que está pensando en emprender, pero no sabe por dónde empezar?

Que nos tomemos un café. Que empiece. Que no espere a tenerlo todo claro porque ese momento no llega. Que se rodee de gente que ya esté donde él quiere estar, que aprenda de sus errores sin dramatizarlos y que no subestime lo que ya sabe. Nosotras empezamos sin saber nada de empresas y aquí seguimos, veinte años después, abriendo líneas nuevas. Si haces cosas, pasan cosas.